La Navidad fea
Ayer Pablo López cantaba en la plaza de Sol de Madrid mientras alguien (el alcalde quizá) le daba a un botón que encendía todas las luces navideñas de Madrid. José Luis vino a Madrid unas horas para hoy, irse a Colombia muchas más, así que, en su parada por Madrid me dijo si íbamos a ver las luces. Me dijo que todas feas menos un par de calles. Y esto se extiende a todo lo que tiene que ver con Navidad. Es muy fácil poner la Navidad fea y muy fácil también hacer como las únicas calles bonitas de Madrid: bombillita de luz cálida en los árboles y ya. No monos colgando de junglas moradas, no campanas gigantes de colores, no cajas de regalos abstractas, etc.
Y luego, si una rotonda está decorada con árboles de lucecitas (son monos) qué mínimo que poner los mismos árboles. Salíamos de casa y vimos que en la glorieta de Quevedo, donde todos los años son de luces azules ( y que los odio los odio los odio, odio todas las luces que no sean del color de la luz, sé que la luz no tiene color pero el que te imaginas cuando piensas en la luz) este año era de luz amarillita, ¡bien! Camino un paso más y veo que solo hay uno así y el resto son distintos. En serio, haberlos encendido en el almacén, un mínimo de comprobación que eso va a salir en muchas stories, era solo poner en una pegatina: “LUZ AMARILLA”/ “LUZ BLANCA” y colocarlos cada uno en su sitio. Pero no, se fueron con sus árboles y dijeron nah como caigan. Así que nosotros nos pusimos a jugar a encontrar la otra glorieta que tenía los que debían ir en la mía.
Y la encontramos. Una más abajo. Se ve que el distrito Chamberí lo hicieron a última hora y se les complicó.
Si pasa en calles, también pasa en casas. El espumillón tiene muchísimo peligro, la purpurina igual… como se te meta un poquito de alegría navideña de más, acabas haciéndote un balcón que te lleva ataque epiléptico y al daltonismo por exceso de cambio de color por milésima de segundo.
Cuando dudas entre el árbol de color de árbol y el árbol que cambia a 20 colores, te está pudiendo el espíritu de la Navidad excesiva, no el navideño, el navideño es decorar, el navideño excesivo es el Ayuntamiento de Madrid poniendo osos que, por exceso navideño, pasan a ser de Halloween. Ayer por la mañana una niña lloraba pidiendo a sus padres que no le hicieran una foto con el oso por favor.
Hoy no me quejo, pero el día que mi balcón (con suerte de seguir teniendo un balcón en Madrid) dé a la Navidad fea, viviré en interior unos meses, Por ahora, me ha tocado tener tener vistas a la bonita.
La tradición dice que en el puente de Diciembre pones en tu casa todo lo de Navidad, pero Netflix dice que desde que ellos ponen sus pelis malas navideñas tú ya puedes poner todo. Y eso fue hace una semana. Pero cuidado, que el espíritu del exceso navideño no se te meta dentro.






